Esta
fiesta de La Lechería, no debería perdérsela nadie. Solamente por el trabajo
del que se disfruta, merece la pena la hora y diez de obra que ojalá tenga un
largo recorrido. Sorprende de primeras
que el escenario esté en medio del público y este, es el primer gran acierto en
la escenografía de Jorge Muñoz. Ver, oir y sentir a los actores tan cerca
provoca tantas sensaciones entre los asistentes que es imposible salir
indiferente. Una experiencia necesariamente dura, óptimamente dirigida por
Muñoz sobre un duro texto de Spiro Scimone,que ha sido versionado por Alvaro
Vicente.
Marta Betriu.
Es la madre. Dueña y señora de los tiempos de esta familia.
Puedes sentir clavada la mirada de Marta y te corta la respiración. Y el
movimiento de su cuerpo es tan reconocible que ves a tantas mujeres cercanas
ejerciendo su matriarcado y disfrazando sus miedos, inseguridades e infelicidad
con sombreros rojos. La fiesta es la cocina, en su cocina, en la cocina de esta
actriz que se deja el alma en este personaje y que posee esa voz perfecta para
revolvernos por dentro. Impresionante Marta.
Jorge Basanta.
Es el padre y el hijo, porque para Basanta, un solo personaje
no es suficiente… ya no tengo palabras para definirlo como actor, como
generador de personajes sublimes, como ideólogo de unos caracteres complejos,
pero cercanos y creíbles. La intensidad y la fuerza de los personajes que él
domina, te meten tan profundamente dentro del acto, que da miedo. Imprescindible
Basanta.
La fiesta es eso, una fiesta. Una fiesta de la
interpretación. Pero también es una fiesta de soledad, decepción y frustración.
Y como toda fiesta, termina con un baile. Un baile que es una vida. Una vida
que, como en tantos casos, se parece bien poco a una fiesta.
No dejen de acudir a esta fiesta si pasa por su ciudad.


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