La
primera obra que se representó en la maravilla de Anfiteatro de Mérida en
nuestra era, fue “Medea”, interpretada por la mítica Margarita Xirgú. La obra
más recordada fue “Medea”, interpretada por la más venerada, Nuria Espert. Y en
estos días, “Medea”, interpretada por Ana Belén.
La
dramaturgia, basada en Eurípides, Séneca y Apolonio de Rodas y firmado por Vicente Molina
Foix, es limpio, inusualmente transparente tratándose de una obra clásica, pero
tan nítidamente entendible que sorprende al espectador.
El
montaje tiene la ventaja de jugar en la casa del Teatro, en el mejor lugar para
albergar un clásico. Aun así, José Carlos Plaza ha conseguido atrapar la magia
y retenerla desde el comienzo, hasta el final de la obra. Sugerente todo, desde
la música a la iluminación.
El
reparto es tan acertado, que destacan hasta los pequeños Claudia y Leo, que
actúan con soltura y recibieron un muy cálido aplauso por parte del público
emeritense.
Horacio
Colomé y Leticia Etala, están correctísimos en unos papeles cortos pero
adecuados a un físico que hace perfectamente creíbles sus personajes.
Olga
Rodríguez y Alberto Berzal, nos adentran en los entresijos del mito de Medea,
son los narradores de su historia y nos la acercan. Son básicos para entender
el Mito.
Poika
Matute y su potente voz. Interpreta al Rey, como no podía ser de otra manera.
Creíble, y regio, recto e impetuoso.
Luis
Rallo es el mentor, el profesor. De él nos llega la ternura de la historia, el
drama de la historia, con una dicción espléndida y una actuación
Adolfo
Fernández interpreta a un Jasón muy reconocible. Impecable poniendo la voz al Jasón joven
desde una roca e impecable también desmereciendo a Medea. Acertado también, en
el paso del personaje “oscuro” al vulnerable, el que prevé la tragedia. Menos
acertado quizás en el tono del personaje.
La
interpretación de Consuelo Trujillo merece una mención especial. Bien es
cierto, que Molina Foix ha escrito a la nodriza un papel simpático y cercano al
público, pero la interpretación es soberbia. Los primeros bravos fueron para
ella, y bien lo merecía la claridad de un papel que borda.
Y
Medea. Ana Belén ya ha interpretado, entre otras a Fedra o Electra, pero le
faltaba este gran personaje clásico para corroborar lo gran actriz dramática
que es. Ana Belén, se vacía y se entrega
sobre el escenario para no dejar indiferente a nadie. Con un vestuario que la hace brillar, consigue
explicar las razones que Medea tiene para cometer el tremendo crimen para
castigar a Jasón. Nadie las justifica, pero el público la entiende. Y se pone
en pie para aplaudir a una talentosa actriz, aun sin un gran premio teatral…
“Medea”
girará por todo el país, merece mucho la pena verla… o repetir.

