¿Una o dos “Evas”? ¿No somos la misma persona en nuestra
juventud y en nuestra madurez? Y sin embargo, no solemos pensar, opinar o
actuar de la misma manera ni en el terreno personal y mucho menos en el
profesional. ¿Se pueden entender dos generaciones enfrentadas? ¿O no es
enfrentamiento y es simplemente miedo, cuando debería ser complementariedad?
Silvia Munt dirige una versión libre de la cinematográfica
“Eva al desnudo” de una manera magistral. Ha sabido elegir a su elenco con un
tino impresionante y los exprime al máximo, consiguiendo de ellos un trabajo
redondo de un libreto sublime, adaptación de Pau Miró. La escenografía de Enric
Planas nos consigue transportar al lugar que ellos deciden y probablemente es
lo más sorprendente para el espectador.
Más sorprendente aún es que destaque tanto la iluminación en
un trabajo teatral. En este caso, David Bofarull consigue matizar y enfatizar
las escenas de una manera inusual y conmovedora.
Reparto
Mel Salvatierra
Eva. El hilo del que tira la otra Eva. El fantasma, el
espejo, su ego, su rival, su mitad, su pasado… Ella.
La frescura de Mel es tanta, que nos hace olvidar que entre todos sus compañeros hay infinitas más horas de tablas. Unifica, aporta y suma. No parece que le pese la carga del inmenso papel ya que su dicción y su peso en escena es óptimo. Esa mezcla de joven talento y esmerado trabajo nos provoca muchas ganas de seguir su predecible firme y seria carrera.
Javier Albalá
El director. El generador del conflicto, enlace entre “Evas”.
Javier tiene una muy sólida presencia sobre el escenario. Es cálido y enérgico. Consigue el punto perfecto tanto en la modulación de la voz como en sus movimientos, tanto en duelos interpretativos como sólo. Desde la platea es un gusto admirarle.
Ana Goya
La representante, siempre “cuidando” de Eva. Todos tenemos algo de su personaje, es el más
cercano, perfectamente reconocible.
Ana consigue sacarnos sonrisas durante esta obra hasta que al final y solamente con una mirada, protagoniza el momento más conmovedor. ¡Solamente con una mirada! Ese momento de actriz sublime.
Manuel Morón
Crítico teatral, entre otras cosas, porque en realidad es la
voz de la conciencia, en este caso, de nuestros personajes.
La voz en esencia es él. ¡Qué gusto da oír esa voz tan perfecta para el teatro! Consigue con esa arma que posee, llegar a la conciencia y al corazón del espectador, y claro, te gana. Consigue ser duro y entrañable. Finaliza con la ternura de sus gestos emocionándote.
Ana Belén
Eva, la gran Eva, la reina destronada. La intensidad.
No hay posibilidad de escribir algo original sobre el
trabajo teatral de la gran Ana Belén. En mi caso, mi debilidad manifiesta por
ella lo hace aún más complejo.
Después de tantas Electra, Fedra, Medea, Kathie, Helena…
difícil misión tenía, para podernos sorprender con su trabajo. Pues ella lo
hace, ¡y cómo lo hace!... No es que la dicción, sus movimientos, sus gestos,
sus miradas sean perfectas, que lo son, es que su sola presencia, en una
esquina del escenario mientras transcurre otra acción sobre el mismo, enmudece.
No sé cuántos minutos dura esa escena, pero es complicado mirar hacia otro
lugar o prestar atención a otro punto porque allí está ella, con la mirada
perdida, temblando, tensa, en un rincón, sentada en una silla. Se aprecia tanto trabajo y entrega que
solamente apetece aplaudir y agradecer la posibilidad que tenemos de seguir
disfrutando desde la platea.
¡Que viva el teatro!


