domingo, 22 de octubre de 2017

Mis tres hermanas


La obra las tres hermanas de Antón Chéjov, se estrenó en 1901 en Moscú. 116 años después, y tras infinitas versiones, se reestrena en Avilés bajo la renovadora visión de Raúl Tejón.

La vida hace más de 100 años no difiere tanto de la actual. Con la vida, me refiero a lo importante de la vida, a lo básico, a lo esencial. El sentido de la vida, la muerte, el amor, la lealtad, los sueños…

Raúl Tejón convierte en magnética esta actualización del clásico, exprimiendo lo mejor de cada uno de los actores con su sola capacidad de expresar y trasmitir. Escenografía austera de David Pizarro y nulas distracciones externas a los meros trabajos actorales y texto. Una delicia para el disfrute de unas soberbias actuaciones.




David González: Nicolás es el enamoramiento absurdo de una ilusión. Esa devoción sin recompensa y ese maravilloso metafórico final. David es perfección en la dicción y esa nobleza de personaje.

Chema Trujillo: Andrés tiene un proyecto de futuro. ¿Nuestro futuro es el soñado, el práctico o el obligatorio? Y en el futuro se mira al pasado y no entendernos. Ahogarnos. ¿Y qué futuro hay ahora? Chema te lo pregunta directamente, y lo escuchas tan alto…

Sabrina Praga: Sabrina crece con la obra y maravilla con una actuación más que meritoria. Natalia pasa de la frivolidad a la malignidad maquiavélica rozando una tierna “cuasi” locura, con una naturalidad argentina sorprendente.

Emilio Buale: Alejandro es la renuncia y la resignación. El huracán y la calma. Conexión total con el público, porque ¿no es tantas veces eso la vida?

Carles Francino: Vasilio y su presencia que deja sin respiración. Pero en esta vida hay ironía y violencia… su personaje desagrada, y entonces oírlo recitar en catalán,  y que el momento se convierta en único.

Fernando Albizu: Fede es la amedrentada ternura del marido temerosamente enamorado. Tan bien actuado…tan abrazable…

Antonio Vico: Esa fantasmagórica actuación con la que arropa a sus niñas y a la vez la sensación de estar sobrevolando la escena, con una visión superior de la misma, desde la inmensa soledad de Iván.

Raquel Pérez: Marsha tiene el volcán dentro y le brota. Marsha es la vida a borbotones, sus manos y su cuerpo entero lo reflejan. Y esos pasos que parece que vayan construyendo el escenario. Raquel tiene tantas actrices dentro…

Ana Fernández: Olga es la candidez amarga en cada gesto, en cada palabra, en cada postura. Inspira tanta tristeza en el espectador… Qué difícil es conseguir lo consigue Ana sólo mirando.

Marina San José: Ay Irina, que con su ilusionada, soñadora y evocadora juventud nos recuerda la nuestra propia. Marina, que crece con cada personaje, consigue que la bofetada de la madurez nos pegue a todos los que la miramos y admiramos desde las butacas, aguantando la respiración… y las lágrimas.


Gracias Raúl Tejón por el trabajo y dedicación que el espectador aprecia en cada palabra y en cada movimiento. Por acercarnos este clásico contemporáneo que resume muchas vidas en casi dos horas de gusto teatral, que como la vida, tantas veces nos ahoga.

Larga vida y mucha gira para estas tres hermanas… de todos.